
Te subes a la balanza, calculas tu IMC, y el número cae en el rango llamado “normal”. Este resultado no es suficiente para hacer un balance fiable. El IMC de una mujer cuenta una parte de la historia, pero no menciona la composición real del cuerpo, la distribución de las grasas y la influencia de la edad en la silueta.
Por qué la circunferencia de la cintura complementa mejor el IMC en la mujer
La fórmula del IMC divide el peso por la altura al cuadrado. No distingue entre un kilo de músculo y un kilo de grasa. En las mujeres, este límite plantea un verdadero problema: la grasa abdominal, incluso con un IMC normal, aumenta el riesgo cardiovascular.
Lectura complementaria : Por qué adoptar una alimentación vegetal es beneficioso para los animales y el planeta
Un análisis de la cohorte Nurses’ Health Study II mostró que la circunferencia de la cintura predice mejor el riesgo cardiovascular que el IMC solo, incluso en mujeres cuyo puntaje se sitúa entre 18,5 y 24,9. Dos mujeres con el mismo IMC pueden presentar perfiles de salud radicalmente diferentes según la localización de su masa grasa.
Concretamente, una mujer con un IMC de 23 y poca grasa visceral no tiene el mismo pronóstico que una mujer con el mismo IMC cuya grasa se concentra alrededor del abdomen. El número en la balanza no es suficiente para evaluar la corpulencia mujer en Hub Santé, y es por esta razón que los profesionales de la salud miden cada vez más la circunferencia de la cintura como complemento.
Ver también : Cómo prepararse bien para una mudanza en Ruan: consejos y trucos

IMC mujer después de la menopausia: los parámetros cambian con la edad
¿Te has dado cuenta de que las recomendaciones de peso parecen fijas, como si el cuerpo no cambiara entre los 30 y los 65 años? La realidad fisiológica es muy diferente.
Con la edad, la masa muscular disminuye naturalmente. Este fenómeno, llamado sarcopenia, hace que un IMC idéntico a los 35 años y a los 65 años no corresponda a la misma composición corporal. En una mujer de 65 años, un IMC de 20 puede ocultar una pérdida muscular significativa.
Desde 2022, la European Association for the Study of Obesity (EASO) recomienda considerar un IMC ligeramente superior como compatible con una buena salud después de los 60 años, siempre que no haya comorbilidades ni grasa abdominal excesiva. Esta posición se basa en un hecho: una ligera reserva de peso juega un papel protector en las mujeres mayores, especialmente frente a fracturas e infecciones.
Lo que esto cambia en la práctica
Para una mujer de más de 60 años, aspirar a toda costa a un IMC de 21 o 22 no tiene necesariamente sentido médico. Mantener la masa muscular, a través de la actividad física y una ingesta proteica adecuada, cuenta más que el número que muestra la fórmula.
Silueta armoniosa e IMC: la discrepancia entre percepción y salud
Una encuesta realizada en Francia (Péron J. et al., publicada en La Presse Médicale) ha puesto de manifiesto una discrepancia sorprendente. Muchas mujeres consideran que su silueta es “demasiado redonda” con un IMC de 22 o 23, mientras que los médicos encuestados consideran este mismo IMC como saludable y estéticamente armonioso.
Esta discrepancia no es trivial. Empuja a algunas mujeres hacia dietas restrictivas para alcanzar un IMC inferior a 20, con el riesgo de perder masa muscular y debilitar su densidad ósea. La búsqueda de una silueta “afinada” puede entonces producir el efecto contrario al deseado en la salud.
Lo que los indicadores complementarios revelan
En lugar de confiar únicamente en el IMC, varios indicadores ofrecen una imagen más fiel de la salud y la silueta:
- La circunferencia de la cintura: refleja directamente la grasa visceral, la que rodea los órganos y aumenta los riesgos metabólicos
- El porcentaje de grasa corporal: medido por impedanciometría o pliegues cutáneos, distingue entre grasa y músculo, donde el IMC permanece ciego
- La relación cintura/cadera: precisa la distribución de las grasas entre la parte superior e inferior del cuerpo, un factor de riesgo cardiovascular reconocido
Estas medidas no reemplazan al IMC, pero lo complementan. Un IMC de 24 con un bajo porcentaje de grasa corporal y una circunferencia de cintura adecuada a menudo traduce una silueta tonificada y un buen estado de salud.

Masa muscular y actividad física: el verdadero factor para la silueta femenina
La actividad física modifica la composición corporal sin necesariamente cambiar el IMC. Una mujer que practica levantamiento de pesas o fortalecimiento muscular puede ver su peso estancarse, o incluso aumentar ligeramente, mientras afina su silueta.
El músculo es más denso que la grasa: a volumen igual, pesa más. Por esta razón, dos mujeres con el mismo IMC pueden tener siluetas muy diferentes según su nivel de actividad física.
Para preservar o desarrollar la masa muscular, algunos factores concretos marcan la diferencia:
- Practicar fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana, incluso con ejercicios de peso corporal
- Mantener una ingesta de proteínas adecuada, repartida a lo largo de las comidas del día
- No bajar demasiado en calorías: las dietas muy restrictivas aceleran la pérdida muscular y ralentizan el metabolismo
El objetivo no es buscar un número preciso en la balanza, sino construir un cuerpo funcional, tonificado y saludable. El IMC proporciona una indicación inicial, que debe cruzarse con otras medidas para tomar decisiones adecuadas.
Un IMC situado entre 18,5 y 24,9 corresponde al rango considerado como normal por la OMS. En la mujer, este número debe leerse junto con la circunferencia de la cintura, el porcentaje de grasa corporal y el nivel de actividad física. Después de los 60 años, un IMC un poco más alto no es sinónimo de mala salud. La silueta más armoniosa es aquella que refleja un equilibrio entre masa muscular, alimentación adecuada y movimiento regular.